El pasado sábado el Málaga CF volvió a perder ante el Atlético de Madrid. El partido a priori era complicado para el conjunto de Míchel, pero con ganas y trabajo nunca se sabe lo que puede pasar. Y eso es lo que faltaron, ganas. Desilusión es la palabra que mejor define lo que sienten muchos malaguistas al ver a su equipo. El miércoles, ante el Sporting de Gijón, el equipo se juega la vida. Es un partido vital para poder estar el año que viene en Primera División.

La primera parte empezó con Miguel Torres lesionado a los 15 minutos y con Ricca entrando para ocupar el puesto de central. Este fue protagonista en el primer gol del Atleti cuando Torres se intentó colar entre él y Luis Hernández. No le salió bien del todo el intento, pero a ese balón pudo llegar Koke, que se anticipó a Llorente.

Tras el gol todo seguía igual, con un Málaga sin ideas, sin pegada arriba… Solo llegaban mediante alguna jugada a balón parado, o un saque de banda de Luis Hernández. Y con todo esto, que fue lo que el Málaga CF hizo durante todo el partido, llegó el segundo de los de Simeone. El balón le llegó a Filipe Luis, que la picó por encima de Kameni y entró en la portería.

Después del segundo gol fue cuando el Málaga tuvo algunas ocasiones más. Llorente con un cabezazo que mandó fuera lo intentó, una vaselina de Sandro, un buen disparo de Michael Santos que despejó a córner Oblak, otra de rosales… Pero con un 0-2 en el marcador y con pocos minutos por delante, poco pudo hacer.

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El equipo volvió a perder en su casa. Los equipos que visitan La Rosaleda no necesitan hacer mucho para llevarse los puntos a casa. Un ejemplo claro es lo que hizo el Atlético de Madrid, que con lo justo para ganar fue suficiente. Las cifras hablan por sí solas: de los últimos seis partidos en casa, cinco derrotas y una única victoria. Y eso que fue la mejor entrada de la temporada en La Rosaleda y el ambiente era muy bueno. La gente llegó con ganas de ver cómo cambiaba la dinámica de su equipo, pero después de lo que ocurrió lo que están los malaguistas es cansados. Y lo que es peor, desilusionados. Lo único que se puede hacer es esperar y rezar para que siga habiendo tres equipos que están peor que ellos. Pero para que eso sea suficiente, va a ser de vital importancia ganar en el Molinón, ante el Sporting de Gijón.

Los jugadores lo saben y en las declaraciones posteriores al partido lo han dicho. “El miércoles jugamos frente a un rival directo, tenemos que pensar que es el partido del año. Es una final, no nos hubiera gustado afrontarlo así, pero será una guerra”, explicó Recio el sábado tras el pitido final del árbitro. Por su parte, Sandro habla de un “partido vital” donde “nos jugamos mucho en un campo difícil, pero tenemos que creer y cambiar la situación porque no nos merecemos estar donde estamos”.

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