Tocado y hundido es el resumen de una eliminatoria en el que el pequeño se hizo gigante y se comió al Málaga. Hundido en el fango más espero en el que se no se ve ni un rayo de luz. Se dice que cuando se toca fondo solo queda mejorar, pero en el caso del Málaga no es así. Este equipo se sigue hundiendo.

La primera parte se sintió como uin buen comienzo para llega a una victoria que los clasificaría para los octavos de la Copa del Rey. Pero la verdad es que no fue así.

Empezaba el partido con un fallo monumental de Roque Santa Cruz. La portería sola, el portero mal situado. Todas las gargantas de la afición se preparaban para el canto del gol, pero no. No sé si fue que el delantero estaba mal colocado o que estaba frio, pero tenía todas con él y aun así falló. El esférico acabó en las manos del guardameta del Mirandés.

El Málaga brilló más en la primera pare. El equipo visitante tuvo algunas oportunidades pero en sí, se veía ausente, o más bien preparándose para el repaso que le dio al equipo andaluz en la segunda parte.

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El equipo de Javi Gracia desarrolló todo el partido por la banda izquierda, algo poco comprensible teniendo en cuenta que las oportunidades y los peligros siempre llegaban por la banda de Rosales y Horta. Además podrían haber aprovechado la presión que metía el Mirandés para hacer un cambio de banda y aprovechar los huecos.

Aunque fueron los mejores minutos del Málaga, se vio un equipo lento, con pases muy flojos y ni hablar de los centros.

Además de todo esto, volvió a salir unos de los males del Málaga, los juegos a balón parado. Los dos juegos a balón parado de la primera parte fueron malos, sobre todo el saque de falta de Horta que lanzó el balón a las nubes. El otro que sacó Boka estuvo mucho más acertado, aunque a la hora de rematar Filipenko, el esférico se fue por el palo izquierdo.

La primera parte fue la oportunidad de darle una alegría a la afición, otra ocasión perdida. Pero lo que vino en la segunda parte fue mucho peor.

Tras el descanso el partido del Málaga fue un desastre. Es un poco difícil hacer autocrítica, pero el equipo blanquiazul no estuvo a la altura. Un equipo falto de ganas, de pasión, de garra, de coraje. Un equipo desenchufado y fuera de cobertura.

La segunda parte fue un verdadero repaso del Mirandés. T como se veía venir, en el minuto 28 marcó Lago Junior. La cara del entrenador, de los jugadores y de la afición lo decían todo. Desesperación y resignación al ver que la clasificación se les iba de las manos.

A pesar de realizar todos los cambios, el Málaga no tenía una planificación de juego. Se les veía perdidos.

Los últimos minutos remontó un poco con algunos peligros, como por ejemplo una jugada dentro del área pequeña de Juankar en el minuto 45. A pesar del tiempo añadido, el Málaga no fue capaz ni de marcar un solo tanto.

Tocado y hundido, además de eliminado. Esto hunde más a un club que no llega a levantarse del todo. Aunque en la última jornada de la Liga logro ganar fuera de casa, el club malagueño no consigue tener una continuidad de juego, ni mucho menos de victorias.

En estos momentos lo único que queda es felicitar al ganador, que se lo merece por el partido tan bien planteado, y esperad que el Málaga, cada vez más roto, se reconstruya.

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Jazmín Martínez

Periodista deportivo - Universidad de Málaga. Cada día te ofrezco noticias del Málaga CF y su actualidad.
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